
El Foul:
En primero de primaria, estaba perdidamente enamorado de una niña de mi salón llamada Carla. Un día acordamos jugar fulbito con Milagros, su hermana gemela, y otros compañeros. Algo característico en mí de esa época era que cuando jugaba futbol sólo miraba la pelota y la pierna del contrincante, marcando sin titubear a cualquiera para recuperar el esférico...
Aquella tarde era ¡El primer partido de mi vida con féminas!, aun así, ese día no fue la excepción y a la cándida Milagros le quite la pelota sin miramiento, dejándola tendida en el pavimento y revolcándose de dolor...
Asombrado y sin saber cómo reaccionar ante tal situación, me quede parado y pasmado sin comprender exactamente que hice mal y que sucedió. En ese momento Carla me profirió unas palabras que recuerdo con claridad: “Mira lo que le has hecho a mi hermana, ya nunca más jugaremos contigo”. Yo camine mirando al suelo arrepentido... lamentando mi brusquedad y mala suerte…
La Chaqueta:
Estaba en el autobús del colegio jugando con una compañera. Ese día me encontraba sumamente resfriado. En un momento, ella dijo algo que me causo mucha gracia, y de pronto estornude de una forma tan estrepitosa que mis mucosidades volaron y cubrieron toda mi chaqueta. Recuerdo con claridad su cara de sorpresa y asco que encubrió con una risa escandalosa… Yo, avergonzado sólo atine a esbozar una tímida sonrisa. Por suerte, el autobús ya estaba llegando a mi casa…
El día que acompañe a mi madre a jugar vóley, en el club de mi colegio, una señora se me acerco diciéndome: ¿tu, hijo de quién eres?. Yo le respondí escuetamente: “de mi mamá”. La señora sólo atino a sonreír avergonzada y rápidamente reformulo la pregunta: ¡¿quién es tu mamá?! -.-!!...
La Carta:
En el año 95 estuve estudiando en el colegio Realschule (Meckenheim- Alemania). Era alumno libre, porque no sabía absolutamente nada de alemán. Recuerdo que había una chica con la que siempre cruzábamos miradas...
Un día en clase, ella me mando una carta por intermedio de una amiga suya. Mire rápidamente el pequeño papel, y un compañero de al lado me pidió con curiosidad que se la mostrara para que me la traduzca. Inmediatamente después de leerla, él sólo atino a sonreír pícaramente mirando a la susodicha…
Yo le preguntaba con insistencia que decía esa misteriosa carta, de pronto, la profesora de turno interrumpió la clase para pedirle el papel a mi compañero, y él no tuvo más remedio que dárselo... La tutora lo leyó y se rió maliciosamente mirando a la avergonzada niña...
Después, indagando, supe que el mensaje era: “¿quieres ser mi novio?” y dos cuadraditos con las opciones “si” o “no”. Hasta ahora me pregunto en dónde hubiera puesto La X...






















