
A veces me despido invitándote al recuerdo y tu presencia se extravía en mi recelo. Tus alegrías son flagelos como penas un consuelo. Te añoro y te odio. Te invoco o destierro…
Tus labios se confunden en retratos ajenos. Tu presencia ya no irradia los resquicios de mi pena. Te rezo en falsa inspiración que mella. O disipo sonrisas reclamando tregua…
¿Tregua?
Quizás…
Quizá es la razón de tu existencia…
O acaso…
Sólo





















