
Ya me aburrí de enlazar tus letras y gritarte al oído en vaga apología. Me canse de pensar en contriciones ajenas. De caminar e intentar inclinar tu certeza. De imaginar tu cuerpo en aglutinadas sombras. De esperar un improbable regreso, que además mi orgullo detiene.
Cansado...
y quizá tú también
aunque eso tuyo quede confinado
a cuadernos que sólo tú lees.



















